martes, mayo 27, 2008

Mis amigas las grúas

Un día te despierta un ruido extraño: ñññññ...ñññññ...ñññññ. Lo primero que se te pasa por la cabeza a esas horas es que ha venido un jabalí berrugoso y se ha tragado tu despertador. Tras unos minutos, consigues pensar claramente y recuerdas que ataste al jabalí por la noche, así que no puede ser, el ruido tiene que venir de otro sitio. Después de librar una dura batalla contra la cama, acabas levantándote y vas a abrir la ventana para contemplar la luz del día y... COÑO!! Una grúa gigante se ha plantado delante de ti. ¿Cómo ha llegado semejante bicho ahí? La noche anterior pudiste ver perfectamente a tu vecina friendo huevos, y hoy, como por arte de magia, un enorme gancho de hierro te impide esa estupenda visión. Yo lo que creo es que esa noche vinieron los extraterrestres y claro, a ellos les encanta mostrarnos sus nuevos inventos; pensaron "bueno, pirámides no que ya hay muchas, señales en los campos de trigo tampoco que eso hoy en día cualquiera con un tractor puede hacerlo... ¿qué les dejamos que sea grande, poco manejable y que acojone? UNA GRÚA!!"

Estos seres, a pesar de su tamaño, están muy tristes y solos en el mundo. Sólo las usan los obreros para jugar a ver quien saca el palé de ladrillos más grande. Pues os digo una cosa, esos obreros fueron niños una vez, y estoy segura de que eran unos ludópatas que se dejaban la paga en las máquinas esas del gancho intentando sacar el Shinchan con el culo al aire. Y como nunca lo consiguieron, están frustrados y han decidido dedicarse a algo en lo que les paguen por manejar un gancho de esos. Pero las grúas no quieren eso, no quieren pagar ese trauma infantil, sólo quieren vivir una vida feliz. Por eso, todas las grúas quieren salir siempre en las fotos, para divertirse y olvidar sus problemas. ¿Quién no tiene una foto de la Sagrada Familia con una grúa asomando por la esquinita? Quien dice Sagrada Familia, dice cualquier rincón de Madrid. Están ahí esperando, entre esos obreros sudorodos, a que un simpático fotógrafo saque una instantánea de un edificio, para girar su delgado cuello y asomar la cabecita y joderle la foto. Si es que en el fondo las grúas son unas cachondas.

Están tan aburridas que, aparte de estropearles las fotos a los japoneses, se dedican a procrear entre ellas. Un día sólo hay una grúa: ññññ...ññññ...ññññ, y al día siguiente tienes 2 grúas más, de menor tamaño, haciendo un canon que ni el de Pachelbel: ñññÑÑÑññ...ÑÑÑñññÑÑÑÑÑÑ...ñññÑñññÑñ. Oye, que te dan ganas de grabarlo y usarlo de politono. Y seguro que os preguntais: ¿por qué gruñen de ese modo? Pues yo os lo diré: esas pobres grúas se están quejando. Les han enganchado una cuerda al cuello con 200kg de ladrillos, y ale, a estirar y encoger el cuello. ¿Qué quereis que hagan? ¿Bailar una sardana? Por poner una comparación más cercana para que comprendais su dolor... A ver... Un miembro rígido que se estire y se encoja... La nariz de Pinocho, por ejemplo. Pensad en el sufrimiento del pobre Pinocho si le colgaramos un palé de ladrillos en la nariz y le obligaramos a decir mentiras y verdades según nos convenga: "venga Pinocho, di que Pepito Grillo es tu amante, que necesito la nariz más larga". "A ver, Pinocho, vuelvelo a decir que esto no crece".

Espero que hayais comprendido un poco mejor la vida y el sufrimiento de estos seres que un día aparecen en tu vida y ya no se vuelven a ir jamás. O al menos no se irán hasta que esos obreros ludópatas hayan sacado el muñeco de Shinchan con el culo al aire, que tiene que estar enterrado en algún lugar de Madrid y por más que juegan con el gancho no lo encuentran.